Rizartrosis
La rizartrosis es una condición que puede tener un impacto significativo en la calidad de vida de las personas que la padecen, ya que puede dificultar la realización de actividades cotidianas como, por ejemplo: agarrar objetos, escribir, abrir frascos y ejecutar movimientos precisos con el pulgar.
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¿Qué es la rizartrosis?
La rizartrosis, también conocida como artrosis de la base del pulgar, es una enfermedad degenerativa que afecta la articulación trapecio-metacarpiana (TMC). Esta condición se caracteriza por el desgaste progresivo del cartílago articular, lo que genera dolor, inflamación, rigidez y limitación en la movilidad del pulgar.
La rizartrosis es más común en mujeres y suele estar relacionada con el envejecimiento, el uso repetitivo del pulgar y factores genéticos. En la rizartrosis, el cartílago articular se vuelve más delgado y áspero, lo que provoca fricción y desgaste en la articulación. Con el tiempo, esto puede llevar a la formación de osteofitos (crecimientos óseos), cambios en la forma de la articulación y afectación de los ligamentos circundantes.
Causas de la rizartrosis
Las causas más frecuentes de rizartrosis son:
Uso repetitivo del pulgar
Actividades que implican movimientos repetitivos del pulgar, entre ellas: escribir con frecuencia, usar herramientas manuales o realizar tareas domésticas, aumentan el riesgo de rizartrosis.
Envejecimiento
A medida que envejecemos, el desgaste gradual del cartílago articular incrementa el riesgo de desarrollar rizartrosis. La edad avanzada es un factor de riesgo importante para esta afección.
Factores genéticos
Ciertos genes pueden estar asociados con un mayor riesgo de desarrollar rizartrosis. Las personas con antecedentes familiares de rizartrosis son más propensas a padecerla en algún momento de tu vida.
Lesiones previas
Las lesiones en la articulación trapecio-metacarpiana como esguinces o fracturas, podrían aumentar el riesgo de rizartrosis en el futuro.
Factores hormonales
Algunos estudios sugieren que los cambios hormonales (como los que ocurren durante el embarazo o la menopausia), también pueden influir en el desarrollo de la rizartrosis.
Síntomas de la rizartrosis
Las señales que indican la presencia de rizartrosis pueden variar de una persona a otra. Sin embargo, la mayoría experimenta uno o más de los siguientes síntomas:
- Dolor en la base del pulgar.
- Rigidez y limitación de movimiento del pulgar.
- Hinchazón en la base del pulgar.
- Deformidad en la zona (protuberancia o engrosamiento en la base del pulgar).
- Disminución de la fuerza que afecta el agarre y la capacidad para realizar actividades que requieren fuerza en la mano afectada.
Proceso de diagnóstico - ¿Qué hacer ante un síntoma?
Debido a que la rizartrosis es una forma de artrosis que afecta a la base del pulgar, el proceso de diagnóstico generalmente implica los siguientes pasos:
- Evaluación de los síntomas: El médico realizará una evaluación de los síntomas y le hará preguntas sobre su historial médico y cualquier lesión previa en la mano o el pulgar.
- Examen físico: El examen físico de la mano y el pulgar afectados incluye la evaluación de la movilidad, la fuerza y la sensibilidad en la articulación trapecio-metacarpiana.
- Radiografías: Las radiografías son una herramienta comúnmente utilizada para diagnosticar la rizartrosis. Las imágenes radiográficas pueden mostrar el desgaste del cartílago articular, la presencia de espolones óseos u otros cambios en la articulación.
- Análisis de líquido sinovial: En ocasiones, el médico puede recomendar un análisis del líquido sinovial de la articulación afectada; esto se hace mediante una técnica llamada aspiración articular, en la que se extrae una muestra de líquido para su análisis en el laboratorio.
Tratamientos para la rizartrosis
Aunque existen varios tratamientos disponibles para la rizartrosis o artrosis del pulgar, es importante tener en cuenta que el enfoque puede variar según la gravedad de los síntomas y las necesidades individuales de cada persona.
Tratamiento conservador
Este enfoque se basa en medidas no quirúrgicas y puede incluir una o más de las siguientes opciones:
- Reposo y protección de la articulación afectada.
- Aplicación de hielo para reducir la inflamación.
- Uso de medicamentos antiinflamatorios no esteroideos (AINE) para aliviar el dolor y la inflamación.
- Terapia física para mejorar la fuerza y la movilidad de la mano y el pulgar.
- Uso de férulas o aparatos ortopédicos para inmovilizar o estabilizar la articulación durante actividades que puedan empeorar los síntomas.
- Terapia ocupacional para aprender técnicas y adaptaciones que faciliten las actividades diarias.
Medicamentos
En algunos casos, se pueden recetar medicamentos más potentes, tales como: analgésicos opioides o inyecciones de corticosteroides, para aliviar el dolor y reducir la inflamación.
Terapia con ondas de choque
Este tratamiento utiliza ondas de sonido de alta energía para estimular la curación y reducir el dolor en la articulación afectada.
Cirugía
Cuando los tratamientos conservadores no son efectivos, se puede considerar la cirugía. Algunos procedimientos quirúrgicos comunes incluyen la artroplastia (reemplazo de la articulación) o la artrodesis (fusión de los huesos de la articulación).
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